En 2013 las redes sociales replicaron
fotos de Lohana Berkins con su rostro iluminado por el sol que sirvieron
para lanzar su candidatura a la Presidencia en 2015. Había una metáfora
encerrada: salir a la luz, dejar de aceptarse como “la escoria de la
sociedad”, como históricamente le obligaron al colectivo que representa.
Aunque no hay una propuesta partidaria que la avale formalmente, ella
sostiene que serviría “para ver qué pasa en la política si hay una jefa
de Estado travesti”. Titular de la Oficina de Identidad de Género y
Orientación Sexual que funciona en el ámbito judicial porteño, entiende
que la comunidad travesti y trans ya no debe pedir permiso para estudiar
o trabajar. “No soy el payasito de nadie”, instó.
-El año pasado circuló una campaña que la proponía como candidata a Presidenta ¿En qué consiste esa iniciativa?
-Para mí sería un desafío, un modo de
generar una dialéctica en el mundo de la política para ver qué pasaría
si hubiese una presidenta travesti. Veríamos cuánto avanzamos si, a la
hora de imputarme una crítica, se basarían en mis gestiones o en su nudo
travestofóbico. Más allá de la adscripción partidaria de cada quien,
cuando atacan a la Presidenta lo hacen desde la misoginia, imaginate qué
podría pasar conmigo.
-¿Cuáles serían los proyectos de su gobierno?
-En la comunidad estamos muy obsesivas
con el tema del empleo, no sólo como petición al Estado, que está dando
buenas respuestas como el apoyo a cooperativas, sino también a los
privados. Nosotras podemos ser meseras, médicas, abogadas, diputadas,
senadoras. Ese también es un desafío: que nuestra identidad de género no
sea puesta como una minusvalía. Tengo tantas capacidades o
discapacidades como cualquiera, no tiene que ver con mi travestismo.
Basta de pensarnos como enfermas, infectadas, ladronas, poco confiables,
que no nos podemos capacitar para estar en un puesto de decisión, que
no podemos sostener un acuerdo.
-¿Lo conversó con algún espacio político?
-Siempre lo charlamos. No hubo una
conversación concreta porque más lo tomo como desafío, como un modo de
transgredir. Puedo hablar horas de mi situación de privilegio pero
estaría siendo deshonesta con el 90 por ciento de mis compañeras que no
viven lo mismo que yo, que tengo un empleo, un cargo, un sueldo. La
lucha se trata de generar un sentido de la igualdad real, no su
ficcionalidad. No me siento avergonzada de haber sido prostituta; todo
lo que me pasó, me pasó. Pero si eso lo contextualizo creo que la idea
de la lucha es generar una posibilidad. Por ejemplo, a mí el matrimonio
igualitario no me interesa porque no me casaría con nadie, pero tengo el
derecho de hacerlo si quisiera.
-¿Cuál es el rol de la Oficina que coordina?
-Está cuadrada dentro del Observatorio
de Género que dirige Diana Maffia en la Ciudad de Buenos Aires. Trabaja
los obstáculos que hay para el ingreso de nuestra comunidad al derecho o
a la Justicia y revisa los prejuicios y creencias que traen los
operadores y operadoras judiciales. También nos ocupamos de la educación
vinculada a estos temas, por lo que tratamos de hacer publicaciones,
dar clases y acercar material que dé cuenta de cómo se fueron
modificando algunos derechos.
-¿Cómo se derriban los preconceptos que identifican?
-No es una cuestión matemática. Nosotras
estamos estableciéndonos recién hace un año. Esas cosas no se pueden
predecir pero el esfuerzo está, todavía no podemos hablar de resultado
ni de la estrategia correcta. Del otro lado muchas veces se actúa por
desconocimiento. Además, cuando tiene que ver con prejuicios y
discriminación, los resortes cambian, no se sigue siempre un mismo
patrón.
-¿Cómo describe al contexto político en el que se creó el área?
-Hay un Estado receptivo a nuestras
históricas demandas. Vemos por primera vez cómo se construyen posibles
soluciones. También nosotras como comunidad entendimos que politizarse
era una de las estrategias válidas para satisfacer nuestras necesidades.
Sirvieron, en términos de logros concretos, la Ley de Matrimonio
Igualitario y la de Identidad de Género. Podemos hablar de tres etapas
en nuestra lucha. La primera fue la de pedir por el derecho la
educación, la salud, la vivienda y el trabajo. Después nos dimos cuenta
de que eso ya estaba en la Constitución, entonces en la segunda etapa
buscamos el acceso y la permanencia dentro de esos sistemas. Ahora
estamos en la etapa de la exigibilidad de los derechos. Ya no te pido
permanencia ni me interesa discutir, yo exijo ese derecho.
-En el territorio bonaerense hay militantes travestis y trans que reclaman el acceso integral a la salud ¿Está de acuerdo?
-Absolutamente. En el artículo 11 de la
Ley de Identidad de Género está clarísimo que debe garantizarse. No
entendemos por qué el ministro (de Salud de la Nación, Juan) Manzur no
hace que a lo largo y lo ancho del país se respete la salud integral,
entendida no sólo en términos de enfermedad sino de un cuerpo sano que
quiere saber cómo prevenir. También se trata de empezar a conocer el
propio cuerpo, para que deje de hacer los recorridos históricos de la
ilegalidad y empiece a transitar los canales de la legalidad. Entonces,
si hay un Estado que aprobó una ley con todo su arco político, una
Presidenta que, como autoridad máxima habla constantemente de la
inclusión, no entendemos por qué se niega.
-Las dificultades para acceder a
la atención médica no sólo se da frente a intervenciones quirúrgicas
complejas sino en la consulta cotidiana en las unidades sanitarias ¿Por
qué sucede?
-En términos de derecho lo más difícil
es el acceso en la órbita doméstica, tanto para las mujeres como para
las travestis. Se ve también en algo de todos los días, como cuando te
cortan la luz abusivamente. Hay una cuestión de desentendimiento y
desconocimiento del derecho cotidiano. La gente no sabe que un montón
derechos nos son negados a todos y todas por prejuicios de las personas.
-¿Cómo se evita ese avasallamiento?
-Con campañas, con un Estado proactivo, a
partir de conocer lo que está escrito. En Cuba cuentan que había un
gran debate porque una ley indicaba que todos los niños varones debían
ir con el pelo muy corto. Un día una madre dijo que su hijo quería
tenerlo largo. Empezaron a investigar y no existió nunca una ley
aprobada que lo impidiera. Entonces, una cosa es la norma en sí misma y
otra las leyes de costumbre, en general basadas en pretendidas
cuestiones morales. Hay que empezar a desentramar eso en términos de
derechos.

De “fenómenos” a sujetas de derecho
La lucha por la equidad aspira a ir más
allá del discurso correcto de la inclusión: no es sumar a partir de
‘tolerar’ las diferencias, como si alguien ‘normal’ tuviera la piedad de
aceptarlas, sino vivir en igualdad de oportunidades sin que la
identidad de género sea un casillero a llenar para acceder a ellas.
Mientras, en los programas del prime time y algunos noticieros, el
colectivo de travestis y trans es todavía pieza ‘curiosa’ de la
pantalla.
-Desde los medios aún se
cataloga como un hecho fuera de lo habitual que una niña o un niño
defina su identidad trans en los primeros años ¿Por qué cree que sucede?
-Porque hay partes de la sociedad que no
dimensiona los cambios. La Ley de Identidad de Género beneficia a toda
la sociedad. Que un niño o una niña tenga un conflicto a la hora de la
construcción de su identidad y sexualidad permite interrogarse y poder
dialogarlo. A mí antes me pedían el documento hasta para entrar al baño
de la estación, ahora no. Entonces toda la sociedad puesta en eso trae
el beneficio de interpelarse. Me parece algo muy bueno que nosotras no
vivimos. Mi sobrina me contó que en su grupo de la universidad una
compañera dijo que no se iba a llamar más Juan sino que iba a cambiar, y
entonces fueron a la casa de mi hermana a probarse ropa para ir a
bailar. Me lo contó como si hubiera sucedido cualquier otra cosa. Esa
joven ya está viviendo otra vida. No sólo ella sino sus amigos y amigas,
que tienen la posibilidad de convivir con la diferencia.
-¿Por qué si en la vida cotidiana se hace cada vez más fácil todavía hay reticencias mediáticas a incorporarlo?
-Es que los lugares históricos que nos
dieron los medios de comunicación fueron el show business, las páginas
policiales o el rubro 59. Cuando abrimos la oficina salió un recortecito
en los diarios, pero si mañana me pescan con un hombre en mi oficina o
robo algo, sería tapa. Siempre estamos vistas de manera bufonesca.
Fijate cómo nos ridiculizan en el programa de (Marcelo) Tinelli o en el
que hacen los cómicos que aprendieron con él en Canal 11 (por “Sin
Codificar”).
-¿Las redes sociales ayudan a cambiar la mirada?
-Sí, totalmente. Vivimos en otra era.
Nosotras usamos mucho Facebook. También hay nuevos modos de comunicación
en el mundo trava; hay cada vez menos perfiles hechos solamente con
fotos en pose, por ejemplo. No teníamos el hábito de leer o ver
noticieros. Ahora muchas chicas lo hacen. Les contás de tus ideas,
debatís. Hay cosas que nos pasaron por ignorancia, por eso la educación
es el arma más poderosa.
-¿Internet permite ayudar a más compañeras?
-En eso somos cautas. Tenemos en claro
que si se tiene un problema hay que ir a la Justicia. Ahora si la
compañera dijo que fue y no le respondieron, ahí actuamos. Yo recomiendo
que no vengan a Buenos Aires cuando tengan un problema en otro sitio
sino que busquen resolverlo allá, que golpeen la puerta del hospital o
del lugar que sea. Si quiere estudiar o atenderse, hay que informarse y
exigir los derechos ahí. Hay que convencer donde está la pelea.
De Salta a Buenos Aires
-¿Cómo se viven estas problemáticas en su Salta natal, donde en octubre se realizará el Encuentro Nacional de Mujeres?
-Al que voy a ir, como todos los años.
Allá se vive de la misma manera. El conservadurismo está en todos lados.
La concentración del poder está acá pero los resortes son iguales en
todos lados. Hay que tener en cuenta que la ley per sé no cambia nada.
La que debe cambiar es la compañera. Las situaciones son las mismas,
incluso, en América Latina. Por ejemplo, en Buenos Aires si voy por la
calle y un policía me identifica como travesti, puede detenerme y
acusarme de que ofrezco un servicio sexual. No se hace porque no es
políticamente correcto pero no se hizo el esfuerzo de erradicarlo y
generar una política distinta. Como en los hospitales, que no te quieren
atender. ¿Por qué hay que ir con la ley bajo el brazo? Son resabios del
totalitarismo. No podemos ignorar que hay una cuestión de recambio
generacional: una travesti ahora ya nace con documento.
-¿Usted pudo charlar con personas de su entorno cuando decidió ser Lohana?
- No, mi historia fue mucho más triste. Ya pasó, es una etapa que se tiene que superar.
-¿Se hace necesario no volver a pensar en el pasado?
-No, es que soy activista más que nada,
no quiero seguir construyendo un personaje. Además sí son cuestiones
dolorosas. No niego nada, trato de ser una persona muy positiva. Tuve
una infancia muy dura, nací en una provincia muy conservadora que,
igual, visito todos los años y me parece maravillosa. Me encantaría
terminar mis años en Salta.
-¿En Pocitos?
-Volvería a la ciudad, seguramente. A
Pocitos voy porque están mis hermanos. Conservo mis mismas amistades de
siempre. Voy a sus casas, me gusta hablar más de lo domestico, escuchar
sus cosas, ser la misma persona. Nunca imaginé que viviría en Buenos
aires pero las circunstancias se dieron así. Ahora ya no pero durante
muchos años me sentí una exiliada.
-¿Por qué?
-Porque no entendía la cultura y las
formas a pensar aunque era el mismo país e idioma. Ahora vive acá gente
conocida de Salta así que algunas costumbres conservamos, como la forma
de comer, de cocinar, de encontrarse.
-Hay muchas personas que admiran
su lucha y que se encuentren en una situación similar a la de usted en
sus primeros años ¿Qué les recomendaría?
-Que se sientan orgullosas de lo que
son. Yo me siento plena, amo ser trava. No hay nada que me avergüence ni
de mi pasado. Hay que exigir todos los derechos. Es así como vamos a
lograr que la sociedad revierta su conservadurismo. Ya no somos las
travestis de antes que vivíamos escondidas. Nos hicieron creer que
éramos la escoria de la sociedad, pero eso ya pasó. Ya muchas pagamos un
altísimo precio para que estas niñas travestis de hoy lo puedan valorar
y vivir plenamente. Yo no soy payasito de nadie.
Publicado en Marcha Noticias:http://marcha.org.ar/index.php/generos/entrevistas-genero/5362-berkins-de-lider-travesti-a-candidata-presidencial
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